Carta del Párroco en Navidad

 

     Hay algo casi mágico en la Navidad: los niños sueñan con Santa Claus y con los Reyes Magos; imaginamos árboles de Navidad, belenes preciosos, montones de regalos, y la familia sonriente alrededor de la mesa.
     A menudo la realidad no es tan perfecta como la imaginamos. Hay demasiados excesos en Navidad. El aglutinamiento de la gente en calles y tiendas puede llevar a lo que algunos han llamado «Santa-claustro-fobia» (de Santa Claus).
     El exceso se deja sentir en la vida familiar. Para unos existe el peligro de gastar demasiado, mientras otros pueden volverse demasiado exigentes. Para muchos, la Navidad es uno de los peores tiempos del año por las peleas familiares o por las ausencias. En Facebook algunos cuelgan el mensaje: “Me gustaría acostarme el 24 de diciembre y despertar el 7 de enero” . ¿Es así tu Navidad?

     Con toda la magia, el estrés y el «subidón» en Navidad, ¿no estamos perdiendo lo esencial? ¿Qué es realmente lo importante de la Navidad? En Navidad recordamos el acontecimiento central de la historia de la humanidad: la venida de Dios a nuestras vidas.

 

¿Por qué debemos celebrar a Jesús?
     Cuando Jesús nació, un grupo de filósofos de Oriente pensó que valía la pena interesarse por él. Dejaron todo para traerle tres regalos simbólicos. El primero fue oro, un regalo para un rey. Sabían que el niño del pesebre era el Rey de reyes y Señor de señores. Dios mismo había venido a vivir como parte de nuestra historia. A menudo, Jesús ha sido eclipsado por la Navidad. Pero la esencia de la Navidad es Jesucristo. En Navidad celebramos el cumpleaños de la Persona más importante que jamás ha vivido.

 

¿Lo necesitamos 2.000 años después?
     El segundo regalo fue incienso: En Navidad recordamos el hecho de que Jesús entró en nuestro mundo para restaurar las relaciones, primeramente con Dios y después entre los hombres. De esta manera, él dio respuesta a nuestra necesidad más profunda: el Amor.

 

¿Por qué vino al mundo?
     El tercer regalo fue la mirra, que se usaba para embalsamar los cadáveres. Jesús vino a entregar su vida libremente por nosotros y en lugar nuestro. La razón por la que nos damos regalos en Navidad es para recordar el mayor regalo que Dios nos ha dado: el más caro y valioso jamás ofrecido. Con su muerte y resurrección, Jesús nos hace libres de las culpas, de las esclavitudes, de los temores… Su Espíritu nos hace intuitivos para conocer el Amor de Dios, generosos para amar y libres para cambiar. Él nos regala sus dones: «amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, humildad, autocontrol» (Gálatas 5,22).

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