SEMANA 1: Co-responsables en Cristo

Los feligreses deberían sentirse como verdaderos dueños en la parroquia. Esto significa mirar nuestra parroquia como algo más que un lugar donde ir a Misa.
Por eso, la parroquia de san Pedro Poveda quiere ser:
+ Un lugar sagrado donde lo humano y lo divino se encuentran, y todos pueden crecer en el conocimiento y entendimiento de lo que significa ser discípulo de Cristo.
+ Un espacio fraterno donde las personas reciben alimento espiritual, acompañamiento y fortaleza, no sólo de los sacerdotes, sino también de otros miembros de la parroquia.
+ Un hogar espiritual en el que se comparten las alegrías, se recibe apoyo en los momentos tristes, se ofrece aliento para seguir en la brecha y donde se apoya a los que se sienten heridos por las pruebas de la vida.
+ Un lugar social donde hacemos nuevas amistades, se da la mano a los menos afortunados y se invita a otros a formar parte de la comunidad de creyentes que hacen todo lo posible para vivir el mensaje del Evangelio.

 

 1. Considérate parte de la familia parroquial. Los miembros de una familia comparten una herencia y una historia común. Estamos enraizados en las mismas creencias, en los mismos valores y en las mismas tradiciones. Acogemos a los nuevos miembros con un espíritu de amor y de aceptación. No siempre estamos de acuerdo, pero nos sentimos fuertemente comprometidos con los demás y con la familia en general.

2. Sé acogedor. Cada domingo nos reunimos para la celebración de la Eucaristía, es como una gran reunión familiar con personas a las que conocemos bien, poco o nada. Hemos de presentarnos a las personas que no conocemos, especialmente si están sentadas solas. Si son nuevos en la parroquia puedes hacer de anfitrión, presentándoles a otros hermanos. También puedes compartir por qué queremos a nuestra parroquia. Observemos también nuestra comunicación no verbal: Si nos sentamos al filo del banco en el pasillo central, no permitimos que otros puedan sentarse. Hemos de recordar sonreír. Además, reconocer las habilidades, cualidades o dones de los demás crea un clima amable.

«Cada vez que sonreímos a alguien es un acto de amor, un regalo que le hacemos a esa persona, algo hermoso»
(Madre Teresa de Calcuta)

3. Usa tus dones y talentos para el bien de la parroquia. Dios nos ha dado a cada uno dones y talentos únicos para ser compartidos. Puedes prepararte como lector o ser miembro del grupo de liturgia. Puedes formar parte del grupo de adoradores del Santísimo o acólitos adultos. Si tocas un instrumento musical o te gusta cantar, el coro puede ser una forma de participar. Quizás quieras ser catequistas, si te gustan los niños. Cualquier habilidad es útil y puedes compartirla en la parroquia: carpintería, jardinería, electricidad, administración, decoración, mantenimiento de instalaciones…
Si tu mayor don es el tiempo puedes ser visitador de enfermos o voluntario de Cáritas. Hasta podrías tener ideas para nuevas funciones, grupos, organización o un nuevo evento.
Tu entusiasmo y energía pueden ayudar a que otras personas se entusiasmen también y participen en la vida de la comunidad.

«¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho?» (Salmo 116,12)

4. Asiste a los eventos parroquiales. Aunque la Misa es el centro y culmen de toda la vida cristiana, hay otras actividades y otros eventos que pueden animar la espiritualidad personal y la comunión: encuentros, conferencias, grupos… Incluso puede que haya personas que no estén preparadas para ir a Misa, pero puedan participar en los distintos eventos que organiza la parroquia, lo que les puede permitir conocernos.

5. Ayuda a la parroquia en sus necesidades. Sabes lo costoso que es mantener tu casa: luz, agua, teléfono, limpieza, consumibles, mobiliario… Las parroquias afrontamos gastos mayores y dependemos sólo de nuestros miembros para cubrirlos. Piensa seriamente en el dinero que dais a la parroquia semanal, mensual o anualmente. ¿Aumenta vuestra aportación a la parroquia según la subida del coste de la vida ? Ayudar a la Iglesia es más que una obligación. Si reconoces que todo lo que tienes es un regalo de Dios, verás que dar generosamente para que continúe la obra de Dios a través de la parroquia es parte esencial de la espiritualidad corresponsable.

«Dad y se os dará: os verterán una medida generosa, colmada, remecida, rebosante, pues con la medida con que midiereis se os medirá a vosotros» (Lucas 6, 38)

6. Ora por la parroquia. Manten tu parroquia, a los colaboradores y a los feligreses con tus oraciones: rezando el Rosario, pasando tiempo en adoración, ayunando u ofreciendo cualquier sufrimiento, molestia o inconveniente por el bien de todos.
Reza también por los que viven alejados de la práctica de su fe, por los que viven sin fe y por los que buscan un sentido a sus vidas.
Ninguna parroquia es perfecta, y aun las mejores parroquias pueden mejorar. ¡Imagina si cada uno hiciese una cosita para mejorar la parroquia!

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