Fiesta de la Luz en la Presentación del Señor: Domingo 2 de febrero, a las 7:30 de la tarde

Presentación del Señor en el Templo     El próximo domingo 2 de febrero la Iglesia celebra la Fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén. El relato de este hermoso acontecimiento lo podemos leer en el evangelio de San Lucas,capítulo 2, versículos 22-39. La Ley de Moisés mandaba que a los 40 días de nacido un niño fuera presentado en el templo. El 2 de febrero se cumplen los 40 días, contando desde el 25 de diciembre, fecha en la que celebramos el nacimiento de Jesús.

     Al igual que José y María, a los 40 días de dar a luz a Jesús, llevaron a su Hijo al templo para ofrecérselo al Señor, también nosotros en esta Fiesta de la Presentación presentamos nuestros hijos al Señor para que los bendiga.

     Este año el 2 de febrero cae en domingo, por lo que se nos ha ocurrido invistar a todas las familias cuyos hijos se han bautizado en los últimos dos años a la FIESTA DE LA LUZ en acción de gracias por el don que os concedió el Señor al daros un nuevo hijo/a. La celebración coincidirá con la Misa de la tarde, el domingo 2 de febrero, a las 7:30.

 

     Si vais a participar, os ruego tres cosas:
1ª) Que invitéis, si puede ser, a los padrinos del Bautismo y demás familiares vuestros.
2ª) Que traigáis la velita del Bautismo de vuestro hijo/a
3ª) Que confirméis vuestra asistencia por sms o whatsapp (Tel. 661 454 214) o por email (parroquia@pedropoveda.es).

     A la espera de que podamos vernos el próximo 2 de febrero, y en nombre de toda la comunidad parroquial de San Pedro Poveda, os saluda cordialmente vuestro Cura Párroco, Julio Segurado Cobos.

 

     “Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.» Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.»
Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño”. (Lc 2, 22-33)

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